25 junio 2016

Cómo los astrocitos contribuyen con nuestro aprendizaje

El glutamato es el neurotransmisor excitatorio más importante, lo que significa que estimula neuronas a pasar señales a otras neuronas. Se cree que las células en forma de estrella llamadas astrocitos modulan la comunicación neuronal mediante la alteración de los niveles de glutamato. En un nuevo estudio publicado en la revista Nature Neuroscience, los investigadores del Colegio de Medicina de Georgia han demostrado que una proteína presente en los astrocitos, llamada LRP4, ayuda a regular los niveles de glutamato, desempeñando así un papel importante en el aprendizaje y la memoria. Los ratones que carecen de LRP4 reducen drásticamente sus niveles de glutamato, y quedan discapacitados intelectualmente y con dificultad para el movimiento. Los investigadores encontraron que, sin LRP4, la producción de ATP en los astrocitos se dispara, lo que en última instancia suprime la producción de glutamato. Resultados como éste están ayudando a cambiar la opinión de que las células gliales como los astrocitos se limitan solamente a proporcionar soporte estructural a las neuronas. Leer más en: bit.ly/292NvPK

Referencia:
Sun X-D et al. Lrp4 in astrocytes modulates glutamatergic transmission.   Nature Neuroscience, Published Online June 13 2016. doi: 10.1038/nn.4326

24 junio 2016

Descubren mecanismo que ajusta el 'volumen' de nuestro reloj interno

Un estudio realizado en ratones desvela que el ciclo circadiano tiene un componente que regula su ‘volumen’, hasta ahora desconocido.


La amplitud del ciclo circadiano se añade al ya conocido periodo –o ritmo– para orquestar la multitud de procesos que rigen el buen funcionamiento de los organismos.

AnaBGD/Getty Images
Este artículo está tomado de Scientific American en español
El ciclo circadiano, ese reloj interno que controla la oscilación de funciones metabólicas fundamentales para la salud –y a veces puede ser inoportuno al hacernos caer de sueño en media reunión cuando estamos con jet lag–  resulta ser aún más complejo de lo que se pensaba. Usando ratones, científicos del Instituto Salk, en California, han descrito por primera vez el mecanismo genético que regula la amplitud –o volumen–  de dicho ciclo en los mamíferos.
La amplitud se añade al ya conocido periodo –o ritmo– para orquestar la multitud de procesos que rigen el buen funcionamiento de los organismos. “Estamos muy emocionados con este descubrimiento porque hasta ahora la amplitud era un completo misterio”, afirma Ronald Evans, director del Laboratorio de Expresión Genética del Instituto Salk y autor sénior del estudio publicado en Cell. .
Según este descubrimiento, tan importante es que los diferentes componentes del ciclo circadiano se expresen en el momento oportuno, como que lo hagan con la amplitud necesaria. El científico lo compara a una pieza musical: el ritmo de los diferentes instrumentos puede coincidir y ser correcto –el periodo del ciclo–, pero si el volumen es insuficiente –la amplitud–, no se oye nada. “Si no tienes el volumen suficiente como para controlar tus genes, no van a escuchar”, dice Evans.
La investigación se centró en la proteína REV-ERBα que está regulada, tanto en humanos como en ratones, por un gen extremadamente periódico: NR1D1, “que hemos estudiado durante mucho tiempo, y es el gen más rítmico que conocemos”, afirma Evans.
Con tal de determinar la función de REV-ERBα en el ciclo circadiano –que hasta ahora se creía controlaba el ritmo–, los científicos perturbaron el mecanismo que degrada REV-ERBα en los hígados de ratones a lo largo del día. A raíz de esta modificación, observaron cómo se suprimieron las fluctuaciones habituales diarias en la expresión de los genes, pero los ritmos de los ciclos no se vieron afectados. En otras palabras, los ritmos diarios no se modificaron pero sí lo hicieron los niveles hormonales.
Al echar un vistazo más de cerca, vieron que la presencia alterada de REV-ERBα –tanto por defecto como por exceso– modificaba la amplitud a la que se manifestaban otros componentes metabólicos del ciclo; en concreto, mecanismos relacionados con la metabolización de nutrientes, haciendo perder la autorregulación corporal correcta de grasas y azúcares en los roedores. De hecho, los ratones modificados que no tenían REV-ERBα desarrollaron esteatosis hepática, una condición también conocida como hígado graso.
Un hígado de ratón con un reloj circadiano "débil" (derecha), ha interrumpido el mecanismo de metabolismo de lípidos, promoviendo su acumulación, en comparación con un hígado normal (izquierda). Crédito: Salk Institute
Según Xuan Zhao, autor principal del estudio, “creemos que si se tiene un ciclo circadiano ‘débil’, no se recibe señal suficiente como para afectar fisiológicamente”, y añadió, “al contrario, tener un ciclo circadiano ‘extra fuerte’ probablemente tampoco sea bueno. La evolución nos ha dado un ciclo ‘Ricitos de Oro’ o ‘justo lo necesario’, un ciclo circadiano que es óptimo para nuestra salud”. 
REV-ERBα actúa como freno –inhibidor de la transcripción– de un mecanismo de metabolización de nutrientes. Durante el día, cuando el ratón reposa (y por tanto es importante ahorrar energía), los niveles de REV-ERBα son altos, silenciando el mecanismo. En cambio, al anochecer el ratón está despierto y en busca de alimento, y los niveles de REV-ERBα son mínimos, ya que el mecanismo de metabolización de nutrientes debe estar activo. Para Evans, se trata de un mecanismo de supervivencia, ya que si REV-ERBα no actuara, el animal consumiría más energía de la necesaria al mantener el metabolismo de nutrientes activo en momentos en que no lo utiliza –un despilfarro en términos metabólicos–.
Para poder trazar este complejo mecanismo, los investigadores rastrearon cada uno de los 200 o 300 genes adicionales controlados por REV-ERBα, recreando el circuito del que forman parte. Con ello han logrado describir por primera vez el funcionamiento de un amplificador genético, y cómo este controla la amplitud del ciclo circadiano. Según Joseph Bass, director del Centro de Diabetes y Metabolismo de la Universidad de Northeastern, el descubrimiento presenta “una convergencia elegante de como el sistema circadiano regula los ciclos metabólicos y de comportamiento”.
En estos momentos se sabe que las alteraciones del ciclo circadiano en humanos están asociadas con dolencias y desórdenes metabólicos como cáncer, alta presión arterial o desordenes emocionales. Entender mejor cómo funciona esta proteína que actúa como director de orquestra del sistema circadiano, –silenciando los mecanismos diurnos al iniciar la parte nocturna del ciclo, y reactivándolos cuando sale el sol–  ayudará a comprender como abordar estas disrupciones metabólicas.

23 junio 2016

La brújula oculta del cuerpo ¿qué es y cómo funciona?

Por Eric Hand Jun. 23, 2016

Que muchos animales puedan detectar y responder al campo magnético de la Tierra ya no está en duda, y las personas, también, pueden tener un sentido magnético. Pero cómo funciona este sexto sentido sigue siendo un misterio. Algunos investigadores dicen que se basa en un mineral de hierro, la magnetita; otros lo atribuyen a una proteína presente en la retina llamada criptocromo. La magnetita se ha encontrado en picos de aves y narices de peces e incluso en el cerebro humano, como reportó en 1992 Joe Kirschvink del Instituto de California de Tecnología en Pasadena, y es extremadamente sensible a los campos magnéticos. Como resultado, según dicen Kirschvink y otros, le permite saber al animal no sólo a qué dirección se dirige (sentido del compás), sino también dónde está. "Una brújula no puede explicar cómo una tortuga marina puede migrar todo el camino alrededor del océano y volver al mismo tramo específico de playa donde nació" dice el neurobiólogo Kenneth Lohmann, de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill. Un sentido del compás es suficiente para que un animal pueda averiguar la latitud, con base en los cambios en la inclinación de las líneas de campo magnético (plano en el ecuador, y hundido en los polos). Pero la longitud requiere detectar sutiles variaciones en la intensidad de campo de lugar en lugar, un mapa adicional o poste de señales, que la magnetita podría suministrar, dice Lohmann. Excepto en las bacterias, sin embargo, nadie ha visto cristales de magnetita que actúen como un sensor magnético. Los cristales pueden ser otra cosa -por ejemplo, productos de desecho del metabolismo del hierro, o una forma que tiene el cuerpo de secuestrar metales pesados ​​cancerígenos. En la década de 2000, los científicos encontraron células portadoras de magnetita en los picos de las palomas. Sin embargo, un estudio de seguimiento encontró que los supuestos magnetorreceptores eran, de hecho, células inmunes macrófagos, que no tenían nada que ver con el sistema nervioso. Y debido a que no hay una mancha única o marcador para la magnetita, se pueden hacer falsos avistamientos. Los científicos que estudian la magnetorrecepción proponen dos posibles mecanismos: un sensor mecánico basado en el mineral magnético magnetita  y un sensor bioquímico basado en la proteína criptocromo.
Scientists studying magnetoreception are zooming in on two possible mechanisms: a mechanical sensor based on the magnetic mineral magnetite and a biochemical sensor based on the protein cryptochrome.
C. Bickel/Science
Los criptocromos, también, ofrecen mucho atractivo. Cuando la luz de longitud de onda corta incide sobre ellos, se convierten en lo que los químicos llaman un "par radical": una molécula que contiene dos electrones no apareados cuyos giros pueden ser ya sea alineado o no. Un campo magnético puede voltear los giros de ida y vuelta entre los estados alineados y no alineados, cambiando el comportamiento químico de la molécula. En 1978, Klaus Schulten, un físico de la Universidad de Illinois, Urbana-Champaign, había sugerido que los animales podían utilizar las reacciones de pares radicales para la magnetorrecepción. Pero él no disponía de una molécula que pudiese apoyar esas reacciones, sino finales de 1990, cuando los investigadores descubrieron el criptocromo, que actúa como un sensor de luz en la retina de mamíferos. La mayoría de los investigadores se centraron en el control del criptocromo sobre los relojes circadianos, pero Schulten sabían que la molécula podría formar un par radical. "Ese fue mi día", dice Schulten. "Finalmente ahora tenía un muy buen candidato". En 2000, se publicó un estudio que muestra cómo los campos magnéticos podrían influir en las reacciones del criptocromo para crear luz y manchas oscuras en los campos visuales de las aves. Un sensor de criptocromo en la retina podría explicar por qué la luz azul o verde parece activar los compases de las aves, mientras que la luz roja los inhibe, o por qué los pájaros parecieran distinguir el norte del sur midiendo los cambios en la inclinación del terreno en lugar de leer el campo magnético directamente. (El criptocromo no puede "sentir" la polaridad magnética) Al igual que con la magnetita, sin embargo, los científicos aún no han visto la molécula en acción y no saben exactamente cómo se podrían alterar los circuitos neuronales. Peor aún, los experimentos de laboratorio muestran que se necesitan campos magnéticos de órdenes de magnitud más fuertes que los de la Tierra para disparar un sensor de criptocromo. Entonces, ¿quién tiene la razón? No tiene que ser uno u otro, dice Peter Hore, físico químico de la Universidad de Oxford en el Reino Unido que le gusta la idea de que la naturaleza ha evolucionado con dos sistemas diferentes de magnetorreceptción. "El sentido del mapa podría ser de la magnetita, y el sentido de compás podría ser de los pares radicales", dice. Sería lo mejor de ambos mundos, o al menos la mejor forma de navegar por éste.

Traducido por Rubén Carvajal

DOI: 10.1126/science.aaf5804
Eric Hand

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Eric Hand is a staff writer who covers Earth and planetary science.

19 junio 2016

Este es el cerebro de los adolescentes en las redes sociales

Resumen: Un nuevo estudio arroja luz sobre la influencia de los compañeros y las redes sociales en el cerebro de un adolescente.
Fuente: UCLA. El estudio se publicó en la revista Psychological Science.
Los hallazgos de un nuevo estudio de la UCLA arrojan luz sobre la influencia de los compañeros y mucho más.
Los mismos circuitos cerebrales que se activan por el consumo de chocolate y ganar dinero se activan cuando los adolescentes ven un gran número de "me gusta" en sus propias fotos o las fotos de sus compañeros en una red social, de acuerdo con una primera de su tipo estudio de la UCLA en que los cerebros de los adolescentes fueron escaneados durante el uso de los medios sociales. A los 32 adolescentes, de edades 13-18, se les dijo que estaban participando en una pequeña red social similar a la popular aplicación para compartir fotos, Instagram. En un experimento en el Centro de Mapeo Cerebral Ahmanson-Lovelace de la UCLA, los investigadores les mostraron 148 fotografías en una pantalla de ordenador durante 12 minutos, incluyendo las 40 fotografías que cada adolescente suministró, y analizaron su actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional, o fMRI. En cada foto también apareció el número de "Likes" que supuestamente había recibido de otros participantes adolescentes - en realidad, el número de "Me gusta" fue asignado por los investigadores. (Al final del procedimiento se les dijo a los participantes que los investigadores decidieron por el número de "Me gusta" que había recibido la foto).
"Cuando los adolescentes vieron sus propias fotos con un gran número de "Me gusta", vimos la actividad en una amplia variedad de regiones en el cerebro", dijo el autor principal Lauren Sherman, un investigador en el centro de mapeo cerebral y la rama de UCLA de Digital Infantil Media Center, de Los Ángeles.
Una región que fue especialmente activa es una parte del cuerpo estriado llama el núcleo accumbens, que forma parte del circuito de recompensa del cerebro, dijo. Este circuito de recompensa se cree que es especialmente sensible durante la adolescencia. Cuando los adolescentes vieron sus fotos con un gran número de "Me gusta", los investigadores también observaron la activación en regiones que son conocidos como el cerebro social y las regiones vinculadas a la atención visual.
El acto de decidir si hacer clic en que les gustaba una foto, los adolescentes fueron altamente influenciados por el número "Me gusta" que tenía la foto.
"Le mostramos la misma foto con una gran cantidad de "Me gusta" a la mitad de los adolescentes y con unos pocos "Me gusta" a la otra mitad", dijo Sherman. "Cuando veían una foto con muchos "Me gusta", eran significativamente más propensos a que a ellos también les gustara. Los adolescentes reaccionan de manera diferente a la información cuando creían que habían recibido respaldo de muchos o pocos de sus iguales, incluso si estos eran extraños ". 
En la vida real de los adolescentes, la influencia de sus amigos es probable que sea aún más dramática, dijo Mirella Dapretto, profesor de psiquiatría y ciencias bioconductuales en el Instituto Semel de Neurociencia y Comportamiento Humano de la UCLA.
"En el estudio, se trataba de un grupo de extraños virtuales a ellos, y sin embargo, aún así respondían a la influencia de ellos; su disposición para conformar se manifestó tanto a nivel cerebral como en qué los gustos que eligieron", dijo Dapretto, autor principal del estudio. "Suponemos que el efecto se magnifica en la vida real, cuando los adolescentes están buscando los "Me gusta" de las personas que son importantes para ellos."
¿Deben los padres preocuparse por las redes sociales? Al igual que otros medios de comunicación, las redes sociales tienen características tanto positivas como negativas, según los investigadores. Muchos adolescentes y adultos jóvenes se hacen amigos de personas en línea a los que no conocen bien, y los padres tienen razón para estar preocupados, dijo Dapretto. "Esto abre la posibilidad de que un niño sea más influenciado por personas que pueden participar en más conductas riesgosas que su niño o que los amigos inmediatos de su hijo", dijo.
"Los padres la utilizan para conocer a los amigos de sus hijos, pero cuando tienen varios cientos de amigos, no hay manera de que los padres pueden saber quiénes son", dijo Patricia Greenfield, director de la UCLA infantil Digital Media Center, Los Angeles y otro autor principal del estudio.
Pero Sherman señala una posible ventaja de las redes sociales . "Si los amigos de su hijo están mostrando un comportamiento positivo, entonces es fabuloso porque su hijo va a ver el comportamiento y puede ser influenciado por él," dijo. "Es importante que los padres sean conscientes de que sus hijos adolescentes interactúan en línea y lo que estos amigos y conocidos están publicando y los "Me gusta". Además, la identidad de los adolescentes está influida por las opiniones de los demás, como estudios anteriores ya han demostrado. Nuestros datos ciertamente parecen reflejar eso también ".
La presión de grupo ha existido por mucho tiempo, pero en línea los gustos son diferentes. "En el pasado, los adolescentes hacían sus propios juicios acerca de cómo estaba respondiendo todo el mundo alrededor de ellos ", dijo Sherman. "Cuando se trata de gustos, no hay ambigüedad."
Los adolescentes en el estudio vieron fotos "neutras" que incluían imágenes de alimentos y de los amigos - y fotos "de riesgo" - incluyendo fotos de los cigarrillos, el alcohol y adolescentes con ropa provocativa.
"Para los tres tipos de fotografías - neutrales, arriesgadas e incluso su propias fotos - los adolescentes eran más propensos a hacer clic en "me gusta" si más personas les habían gustado que si menos personas les gustaban", dijo Greenfield, un distinguido profesor de UCLA de la psicología. "El efecto de la conformidad, que era especialmente grande para sus propias imágenes, muestra la importancia de la aprobación por pares."
Image shows the location of the nucleus accumbens.
Dos vistas del cerebro con el núcleo accumbens, un centro de circuitos de recompensa del cerebro, resaltados en verde. Esta región fue más activa cuando los adolescentes vieron que sus propias fotografías, y las de los demás, se habían "gustado" por más de sus compañeros. Las investigaciones anteriores sugieren que esta región es particularmente sensible en la adolescencia.NeuroscienceNews.com imagen se le atribuye a Lauren Sherman / UCLA.
Cuando los adolescentes miraron fotos de riesgo en comparación con las fotos neutrales, tenían una menor activación en áreas asociadas con el "control cognitivo" y "la inhibición de respuesta," incluyendo la corteza del cerebro anterior dorsal cingulada, cortezas prefrontales bilaterales y la corteza parietal laterales.
Estas regiones del cerebro están involucradas en la toma de decisiones y nos pueden inhibir la participación en determinadas actividades, o nos da la luz verde para seguir adelante, dijo Dapretto.

El ver las fotos que muestran un comportamiento de riesgo parece disminuir la actividad en las regiones que le ponen freno, tal vez porque debilitan el filtro de "tener cuidado" en los adolescentes ", dijo.
Traducido por Rubén Carvajal de Neuroscience News
Original Research: Abstract for “The Power of the Like in Adolescence: Effects of Peer Influence on Neural and Behavioral Responses to Social Media” by Lauren E. Sherman, Ashley A. Payton, Leanna M. Hernandez, Patricia M. Greenfield, and Mirella Dapretto in Psychological Science. Published online May 31 2016 doi:10.1177/0956797616645673

Las conexiones del cerebro con el sistema inmune

Cuando los antiguos egipcios preparaban una momia le sacaban el cerebro a través de las fosas nasales y lo tiraban a la basura. Mientras que otros órganos eran preservados y enterrados, el cerebro se consideraba separado del resto del cuerpo, e innecesario para la vida o la vida futura. Finalmente, por supuesto, sanadores y científicos se dieron cuenta de que las tres libras de neuronas entrelazadas debajo de nuestros cráneos sirven para algunas de las funciones más importantes. Sin embargo, incluso ahora el cerebro es a menudo visto como algo aparte del resto del cuerpo, una especie de Oz neurobiológico que dirige nuestros cuerpos y mentes desde atrás de bastidores con una biología y patologías únicas. Tal vez la división más comúnmente citada entre el cuerpo y el cerebro se refiere al sistema inmune. 
Cuando el cuerpo se expone a bacterias extrañas, virus, tumores o trasplantes de tejidos, el cuerpo descarga un torrente de actividad inmune: las células blancas de la sangre devoran los patógenos invasores y revientan las células comprometidas; los anticuerpos marcan a los elementos extraños para su destrucción. Excepto, por supuesto, en el cerebro. Se piensa que si éste fuese la sede de un furioso ataque de células defensivas, sería demasiado vulnerable, por lo que se asume que el cerebro debe estar protegidos de la cascada inmune. Sin embargo, una investigación publicada en 2015 reportó una línea hasta ese momento desconocida de comunicación entre el cerebro y el sistema inmunológico, a la que se han sumado, en rápido crecimiento, investigaciones que sugieren que el cerebro y el cuerpo están más conectadas de lo que se pensaba anteriormente. Ya en 1921 los científicos reconocían que el cerebro era diferente, inmunológicamente hablando. Mientras que el tejido injertado en la mayoría de las partes del cuerpo a menudo resulta en un ataque inmunológico, el tejido injertado en el sistema nervioso central, desencadena una respuesta mucho menos hostil. Gracias en parte a la barrera hematoencafálica - células muy juntas que recubren los vasos del cerebro que permite que los nutrientes se deslicen por ella, pero, en su mayor parte, mantiene alejados a los invasores no deseados, como las bacterias y los virus - el cerebro fue considerado durante mucho tiempo "inmunológicamente privilegiado", es decir puede tolerar la introducción de los agentes patógenos y los tejidos externos. El sistema nervioso central se vio como si existiese por separado del sistema inmune periférico, dejándosele ejercer sus propias defensas inmunitarias, menos agresivas. Ese privilegio del cerebro también se consideró que era debido a su falta de drenaje linfático. El sistema linfático es el tercer y tal vez menos considerado conjunto de vasos de nuestro cuerpo, los otros son las arterias y venas. Los vasos linfáticos retornan fluido intracelular al torrente sanguíneo, mientras que los ganglios linfáticos - estacionados periódicamente a lo largo de la red de vasos - sirven como almacenes para las células inmunes. En la mayoría de las partes del cuerpo, los antígenos - moléculas de agentes patógenos o tejido extraño que alertan a nuestro sistema inmune a las amenazas potenciales - se presentan a las células blancas de la sangre en los ganglios linfáticos provocando una respuesta inmune. Pero se asumió que esto no ocurre en el cerebro debido a su falta de una red linfática, por lo que los nuevos hallazgos representan un cambio dogmático en la comprensión de cómo el cerebro interactúa con el sistema inmune. Trabajando principalmente con los ratones, el autor principal del trabajo y profesor de neurociencia de la Universidad de Virginia, Dr. Jonathan Kipnis y su grupo, identificó una red previamente no detectada de vasos linfáticos en las meninges - las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal - que transporta fluido y células inmunes del líquido cefalorraquídeo a un grupo de ganglios linfáticos en el cuello, los ganglios linfáticos cervicales profundos. Kipnis y sus colegas habían previamente demostrado que un tipo de glóbulos blancos, llamados linfocitos T, en las meninges están asociados con influencias significativas sobre la cognición y, por tanto, tenían curiosidad en saber cuál sería el papel de la inmunidad meníngea en la función cerebral. Con el montaje de meninges enteras de ratón y el uso de neuroimagen el equipo notó que los linfocitos T estaban presentes en recipientes separados de las arterias y las venas, lo que confirma que el cerebro tiene de hecho un sistema linfático que une directamente el sistema inmune periférico"Nos topamos con estos vasos completamente por casualidad," comentó Kipnis. Los vasos recién descubiertos - que también fueron identificados en muestras humanas - podrían explicar una variedad de acertijos fisiopatológicos, es decir, cómo el sistema inmune contribuye a las enfermedades neurológicas y psiquiátricas"Es pronto para especular", dice Kipnis, "pero creo que la alteración en estos vasos puede afectar a la progresión de la enfermedad en aquellos trastornos neurológicos con un componente inmunológico bien visible, como la esclerosis múltiple (EM), el autismo y la enfermedad de Alzheimer". Por ejemplo, la EM, al menos en algunos casos, se cree que resulta de la actividad autoinmune en respuesta a una infección en el sistema nervioso central y el líquido cefalorraquídeo. Quizás los antígenos del agente infeccioso encuentran su camino a los ganglios linfáticos cervicales a través de los vasos linfáticos meníngeos, e incitan la respuesta inmune que causa síntomas de la EM. La enfermedad de Alzheimer se cree que es causada por la acumulación y transmisión de una proteína llamada amiloide en el cerebro. Podría ser que el amiloide no está siendo debidamente aclarado a través de estos vasos linfáticos, y que de alguna manera mejorar su permeabilidad podría ayudar a liberar el cerebro de la proteína patológica. Otro trabajo de Kipnis y sus colegas encontraron que una lesión en el sistema nervioso central se traduce en una fuerte activación de las células T en los ganglios linfáticos cervicales profundos. Kipnis sospecha que algún compuesto puede ser liberado del sistema nervioso central lesionado que se transmite a los nódulos linfáticos cervicales profundos a través de los vasos linfáticos donde activan el sistema inmunológico. Un escenario similar puede estar funcionando en otras condiciones neurológicas; que demasiado drenaje o demasiado poco del sistema nervioso central hacia el sistema inmune podría contribuir a la enfermedad cerebral. Si es así, Kipnis cree que la acción de los fármacos a los vasos, la manipulación genética y la cirugía son enfoques terapéuticos que valen la pena. El Dr. Josep Dalmau, profesor de neurología de la Universidad de Pensilvania, aunque no participó en el estudio, coincide en que los nuevos hallazgos podrían ayudar a explicar la iniciación, mantenimiento y quizás empeoramiento de trastornos autoinmunes que afectan al cerebro; y también que a la luz de los nuevos hallazgos de los libros de texto podrían necesitar alguna revisión "Se ha vuelto cada vez más claro que el [sistema nervioso central] es inmune diferente en lugar de privilegio inmune ", dice. Ha quedado claro desde hace décadas que existe algún tipo de relación entre el cerebro y el sistema inmunológico. La actividad inmune anormal se informó en la esquizofrenia en la década de 1930, y numerosas enfermedades mentales y neurológicas son conocidas o se cree que tienen un componente inmunológico. El grupo de Kipnis identificó una estructura anatómica tangible, que permite facilitar esta relación, lo que sugiere que el cerebro y el cuerpo están íntimamente entrelazadas, y que el cerebro no es la ciudadela que una vez se pensó que era. 
Traducido por Rubén Carvajal de Scientific American
Referencias relacionadas:

¿A dónde irán a parar tantos nuevos neurocientíficos?

¿Será el campo de la neurociencia capaz de absorber esta riqueza de nuevos talentos? ¿Se les prepara a los estudiantes con las habilidades cuantitativas necesarias para comprender el funcionamiento de un órgano con unos 86 mil millones de neuronas y cientos de billones de conexiones entre todas sus células? Los líderes en el campo ponen de relieve la necesidad de nuevos planes de carrera para dar cabida a una inundación de doctores en neurociencia.

Por Gary Stix, 19 de junio de 2016
Traducido por Rubén Carvajal

Crédito: Photodisc / Getty Images (MARS)

A diferencia de la bioquímica y la psicología, la ciencia del cerebro no existía como un campo académico independiente hasta mediados del siglo 20. En las últimas décadas, la neurociencia ha emergido como una estrella entre las disciplinas biológicas. En 2014, en un taller organizado por la Academia Nacional de Medicina se reunieron para reflexionar sobre la cuestión de si todos son buenos augurios para los futuros neurocientíficos que ahora están recibiendo su doctorado y trabajando en su post-doctorado.
Crédito: Gráfico de Amanda Montañez; Fuentes: NIH (gráfico superior); NSF (gráfico inferior)
Steven Hyman, del Instituto Broad de Harvard y el MIT, que ayudó con la planificación del taller y fue recientemente presidente de la Sociedad de Neurociencia (SFN), celebró la inundación de estudiantes de doctorado que eligen la neurociencia, pero advirtió: "En la medida en que los jóvenes con talento no se animen a la carrera académica debido a los niveles tan bajos de financiación que producen niveles más debilitantes de la competencia o simplemente les cierren las oportunidades, los EE.UU. y el mundo estamos perdiendo un recurso increíblemente valioso".
Me puse en contacto con un miembro del panel de la Academia Nacional de Medicina, Huda Akil, del Medical School de la Universidad de Michigan, el autor principal de un artículo en la revista Neuron que resume las conclusiones del taller. Akil, también ex presidente de la SFN, es un destacado investigador en la neurobiología de las emociones.

[A continuación una transcripción editada de la entrevista]
Hay un aumento significativo en el número de doctorados en neurociencia, pero el número de personas que trabajan como científicos en el mundo académico de una década después de su estancia posdoctoral es decreciente. ¿Es eso un problema para el campo?
Sería un problema significativo si estuviésemos perdiendo científicos con un potencial de hacer grandes descubrimientos, no por su falta de talento o de interés, sino porque les desanime el ambiente o las probabilidades de conseguir financiación para su ciencia, entonces eso sí sería un problema significativo. Si logramos atraer una gran cantidad de personas que quieran aplicar sus conocimientos, no en hacer descubrimientos, sino para enriquecer otras áreas como la enseñanza, o lidiar con cuestiones sociales o incluso para desarrollar juegos, entonces, excelente. Pero lo que no quisiera que sucediese es que perdamos a las personas que tienen el talento, la mente, la curiosidad y el deseo de ser realmente grandes científicos, y se dan por vencidos por las razones equivocadas.

¿Cree que eso está sucediendo?
No hay manera de saber cuáles son las motivaciones de las personas para moverse en otra dirección. A veces es por buenas razones, porque descubren que no tienen el temperamento. La investigación requiere tolerancia a los fallos y poder asumir riesgos. Se requiere la confianza suficiente para recibir gran cantidad de críticas y ser rechazado, y aún así seguir con una trayectoria y una idea y seguir tras ella. Así que no todo el mundo tiene el temperamento, la personalidad para hacer esto, y si salen por eso, está bien. Otras personas pueden dejarlo por varias razones, familiares y así sucesivamente. Pero lo que espero que no suceda es que la gente se vaya porque les provoque demasiada ansiedad, o porque crean que no haya suficientes puestos de trabajo, sin siquiera tratar de probar eso.

¿Qué quiere decir con "que provoca ansiedad"?
Creo que a veces los estudiantes llegan con muchas expectativas, y hablan con un profesor que es un científico muy conocido y les gustaría saber si pueden conseguir una plaza de investigación en su laboratorio y el científico les dice que no está recibiendo estudiantes en ese momento porque su subvención está esperando una renovación y por ahora tiene que apoyar a su personal actual y no está seguro acerca de nuevas aperturas para el próximo año. Luego van al siguiente investigador y se enteran de que esa persona acaba de perder una subvención. Así que piensan que un científico si bien podría estar haciendo cosas muy interesantes, sin embargo, no les ofrece seguridad sobre el apoyo a sus estudiantes, y comienzan a ponerse ansiosos por saber si van a ser capaces de tener éxito y soportar este tipo de incertidumbre.

Una de las cosas que parece sugerir su artículo es que la forma en que los trabajos se estructuran en el entorno universitario tiene que cambiar para abrir nuevas posibilidades para que la gente se quede en el mundo académico. El paper habla de lo que se llama una nueva posición científico-personal.
El cerebro es realmente complicado y hemos hecho progresos, pero todavía tenemos un muy largo camino por delante. No va a poder ser explicado sólo por la genética, ni sólo por la anatomía, ni sólo por la bioquímica. Se va a requerir de todas las herramientas del pensamiento humano y la tecnología para que nosotros podamos arrojar luz sobre ella en un verdadero y real camino -y por lo tanto el científico solitario que trabaja en una esquina va a convertirse en una cosa del pasado. Realmente tenemos que trabajar en equipo, lo que significa que hay un papel para diferentes personas haciendo diferentes tipos de tareas en estos equipos. No todo el mundo tiene que ser el jefe. En mi propia área de investigación, yo no puedo hacer todos los diferentes estudios que conducen los miembros de nuestro equipo. Algunas personas son impresionantes en computación, en informática; otros en ciencia experimental, o en desarrollo de técnicas, etc. El argumento de este artículo es que hay espacio para un montón de diferentes tipos de personas, un montón de diferentes tipos de mentes que juegan muchos papeles diferentes en el contexto de equipos científicos más grandes. Y esto debe crear oportunidades para nuevas posiciones estables para los neurocientíficos jóvenes.

¿Me puede dar algunos ejemplos?

Por ejemplo, la coordinación y la supervisión de los núcleos de investigación en neurociencias. Como la biociencia es cada vez más y más compleja, se necesitan centros de referencia no sólo para el genotipado, sino el manejo de los datos, el análisis de los datos. Las personas que han dominado estas habilidades saben algo extremadamente valioso de uso vital para la neurociencia.

En el artículo hace énfasis en la necesidad de fortalecer el plan de estudios de la neurociencia en algunas áreas, tales como análisis de datos y estadística. 
Realmente no se puede ser un físico sin saber matemáticas. De igual forma, no debería llamarse neurocientífico alguien que carezca de estas habilidades. No solía ser necesario, pero cada vez es más necesario.

¿Cree usted que hay una falta de formación en este punto?
Creo que el campo ha evolucionado, la necesidad de utilizar las nuevas tecnologías ha crecido. Nuestros estudiantes no están recibiendo suficiente entrenamiento en ellos. Además, creo que alguien quien tenga estas habilidades le irá siempre muy bien. Incluso si abandonase la neurociencia o la universidad, podrá ser capaz de desplegarlas en una variedad de maneras diferentes.

En general, parece que lo que estamos tratando de abordar aquí es que la oferta es mayor que la demanda.
No, me gustaría corregir eso. Yo diría que si sacamos el dinero como objetivo, la oferta no es mayor que la demanda. La demanda real de la comprensión del cerebro es enorme. Hay una gran cantidad de trabajo por realizar y las oportunidades también son enormes. La demanda que no está acorde con la oferta es el número de cargos académicos, y no hay una cantidad infinita de dinero.
Nunca nos imaginamos este grado de interés por la neurociencia y siempre imaginamos que estábamos entrenando más gente como nosotros. Realmente creamos estos programas como campos de entrenamiento para futuros neurocientíficos académicos, y recuerdo cuando empecé a ser tutor de mi decepción cuando esas personas entraban en las grandes empresas farmacéuticas. Era casi como si hubiera fallado en mi formación. Ya no me siento de esa manera en absoluto.

¿Que ha cambiado?
Con el tiempo todos hemos tenido que revisar nuestras actitudes y nos hemos dado cuenta de que hay más caminos para contribuir a la neurociencia, y empezamos a incorporar a la industria y luego la biotecnología. Ahora lo veo como la próxima fase en la que el alcance es más amplio que eso. No es sólo el mundo académico. Ni es sólo el mundo académico y la industria. Son también las organizaciones sin fines de lucro, la política social, la divulgación científica, la interface hombre-máquina. Son grandes volúmenes de datos, o la educación, o cualquier área donde el conocimiento del cerebro es relevante. Todo esto va a empujar los límites de nuestro conocimiento como profesores, ya que no sabemos mucho acerca de cómo funcionan las cosas fuera de la academia.

Entonces, ¿qué significa esto para los estudiantes?
Queremos asegurarnos de que si alguien ha hecho el compromiso de estudiar neurociencia, sepa que su inversión en tiempo, energía y dinero vale la pena y que este conocimiento y la inteligencia y la curiosidad se despliegan de una manera que es buena para quien lo hace, para su familia y para la sociedad. Si eso es a través de la neurociencia académica per se, fantástico. Si no es así y usted se va y la usa en Google y hace un tipo de neurociencia muy diferente, fantástico también.

¿Cree que estos nuevos enfoques para la producción de una nueva generación de neurocientíficos también podrían ayudar en la traducción de la investigación básica en nuevos tratamientos para las enfermedades del cerebro?
Los trastornos cerebrales son intrínsecamente muy complicados. Si necesitamos la medicina de precisión para diferenciar entre dos tipos diferentes de cáncer de pulmón, se podrá imaginar para diferenciar entre dos tipos diferentes de esquizofrenia o de autismo. Que en realidad son muy diferentes, pero que acaban siendo etiquetados bajo un mismo nombre. Las herramientas computacionales van a ser realmente muy importante para la traducción, porque vamos a necesitar una gran cantidad de datos para entender las variables que son fundamentales y cuáles representan el ruido. No vamos a ser capaces de hacer esto sin tener que trabajar juntos en equipos multidisciplinares. El entrenamiento de los neurólogos con diferentes habilidades, dándoles muchas oportunidades diferentes y ofreciéndoles una variedad de funciones sustantivas es absolutamente fundamental, tanto para la comprensión básica del cerebro y, especialmente, para la traducción de ese conocimiento para una mejor comprensión y el tratamiento de los trastornos cerebrales.

Traducido por Rubén Carvajal de Scientific American