06 septiembre 2014

Tres mitos sobre las neuronas espejo

mirror-neuronsDesde que las neuronas espejo (ne) fueron descritas en la década de 1990, se ha visto en su actividad la base para fenómenos tan importantes en nuestra vida como el aprendizaje social y la empatía. Además, se ha sugerido que un problema en su normal funcionamiento podría ser la base del autismo. Pero, ¿hasta qué punto están justificadas estas ideas?
El pasado diciembre de 2012, el psicólogo Christian Jarrett publicó un artículo en Psychology Today que muestra los principales mitos en torno a las funciones de las neuronas espejo.
Según Jarrett, hay tres mitos muy difundidos en torno a las ne:
El primer mito: se suele pensar que las ne son la causa de que podamos comprender las acciones de los demás: las ne nos permiten entender los objetivos de las acciones al permitir una representación interna de los movimientos de los otros (las ne se activan cuando realizamos una acción y cuando observamos esa misma acción). Y, según algunos autores, ésa podría ser la base de la empatía:
No obstante, Jarrett señala que somos perfectamente capaces de entender acciones que somos incapaces de realizar. Y lo que es más, hay estudios que muestran que personas con redes neuronales motoras dañadas pueden comprender el habla, e incluso reconocer emociones:
A non-player tennis fan who’s never held a racket doesn’t sit baffled as Roger Federer swings his way to another victory. They understand fully what his aims are, even though they can’t simulate his actions with their own racket-swinging motor cells. Similarly, we understand flying, slithering, coiling and any number of other creaturely movements, even if we don’t have the necessary motor cells to simulate them.
From the medical literature there are also numerous examples of comprehension surviving after damage to motor networks – people who can understand speech, though they can’t produce it; others who recognise facial expressions, though their own facial movements are compromised. Perhaps most awkward of all, there’s evidence that mirror neuron activity is greater when we view actions that are less familiar – such as a meaningless gesture – as compared with gestures that are imbued with cultural meaning, such as the victory sign.
El segundo mito: el neurólogo Vilayanur Ramachandran sostiene que las ne, al permitirnos empatizar e imitar a otros, fueron las responsables del incremento del tamaño del cerebro, permitiendo así acelerar la evolución cultural de la humanidad. No obstante, hay evidencia de que las ne adquieren sus propiedades a través de la experiencia. Así, si la experiencia moldea las ne, no está claro que las ne fueran la causa del aprendizaje social:
It can’t reasonably be claimed that mirror neurons made us imitate and empathise with each other, if the way we choose to behave instead dictates the way our mirror neurons work. On their role in cultural evolution, [...] neurons are affected by cultural practices, such as dancing and music, just as much they influenced them.
El tercer mito: si las ne son la pieza clave que nos permite experimentar la empatía, un defecto en ellas podría explicar que haya personas, como los autistas, que carezcan de empatía. Jarrett es muy claro en este punto: de los tres mitos, éste probablemente sea el menos justificado. Y es que:
 There are numerous findings showing that people with autism have no problem understanding other people’s actions (contrary to the broken mirror hypothesis) and that they show normal imitation abilities and reflexes. For a new review paper, Antonia Hamilton assessed the results from 25 relevant studies, concluding: “there is little evidence for a global dysfunction of the mirror system in autism.”
El artículo original de Jarrett en Psychology Today.
Créditos: Imagen vía Institute for Ethics and Emerging Technologies.

03 septiembre 2014

El cerebro confía o no en una cara antes de percibirla conscientemente



August 30, 2014
Tu cerebro hace un juicio espontáneo de si la cara de otra persona es de confianza o no, antes de estar siquiera consciente de ello, según una nueva investigación publicada en la revista Journal of Neuroscience. "Nuestros hallazgos sugieren que el cerebro responde automáticamente a la confiabilidad de una cara antes de que se perciba conscientemente", dijo el autor del estudio, Jonathan Freeman, Ph.D., profesor asistente en el Departamento de Psicología de la Universidad de Nueva York. "Los resultados son consistentes con un amplio cuerpo de investigación que sugiere que formamos juicios espontáneos de otras personas de manera no consciente", agregó Freeman, quien realizó el estudio como un miembro de la facultad en el Dartmouth College. El estudio se centró en la amígdala, una parte del cerebro importante para la conducta social y emocional de los seres humanos que se ha demostrado en estudios anteriores para juzgar activamente la confiabilidad de las caras. No se sabe, sin embargo, si la amígdala era capaz de responder a una señal social compleja como la confiabilidad de un rostro, sin que la señal alcanzase el conocimiento consciente. Para averiguarlo, los investigadores llevaron a cabo un par de experimentos en los que supervisaron la actividad de la amígdala de los participantes, mientras que los participantes fueron expuestos a una serie de imágenes de caras. Estas imágenes incluyenron fotografías de rostros extraños reales así como caras cuyas señales fueron generadas artificialmente. Las caras generadas artificialmente fueron sintetizadas por ordenador basado en investigaciones anteriores que muestran que las señales tales como altas cejas y pómulos pronunciados son vistos como dignos de confianza y los pómulos menos profundas son vistos como poco fiable. Antes del estudio, un grupo independiente de sujetos examinaron todos los rostros reales y los generados por ordenador y se valoró qué tan confiable o no confiable les parecieron. Como era de esperar, los sujetos estuvieron de acuerdo en gran medida en el nivel de fiabilidad de cada cara dada. Durante el estudio, un nuevo conjunto de los participantes vieron estos mismos rostros dentro de un escáner cerebral, pero estaban expuestos a las caras muy brevemente, en sólo cuestión de milisegundos. Esta exposición rápida, junto con otra característica conocida como "enmascaramiento hacia atrás", impidió a los participantes de forma consciente ver las caras. En el enmascaramiento hacia atrás, a los sujetos se le presenta una imagen irrelevante "máscara" que sigue inmediatamente a un extremadamente breve exposición a una cara, que se cree que determinará la capacidad del cerebro para procesar aún más la cara y evitar que llegue a la conciencia. Los investigadores encontraron regiones específicas de actividad dentro de la amígdala que indicaban cuan poco confiables era una cara, y otras regiones de la actividad dentro de la amígdala mostraron fuerza total de la señal de confiabilidad. Esto, a pesar de que los participantes no podían ver conscientemente alguna de las caras. "Estos resultados proporcionan evidencia de que el procesamiento de la amígdala de las señales sociales en la ausencia de la conciencia puede ser más amplia que la que anteriormente se pensaba", dijo Freeman. "La amígdala es capaz de evaluar qué tan confiable es la cara de otra persona aparece sin que se percibe conscientemente."

Fuente: Journal of Neuroscience