15 julio 2012

Desmienten la teoría de que la mentira se ve en la mirada

Redacción BBC

 Domingo, 15 de julio de 2012
Ojos
Buscar la mentira en la mirada puede ser complicado.
Muchos psicólogos creen que cuando una persona levanta la vista hacía la derecha, es probable que esté diciendo una mentira, mientras que si lo hace hacia la izquierda es un signo de honestidad.
Sin embargo, un estudio realizado por expertos de la Universidad de Edimburgo y de la Universidad de Hertfordshire halló que esta teoría es incorrecta.
La investigación fue publicada en la revista digital Public Library of Science ONE.
El enlace que se dice hay entre los movimientos oculares y decir la verdad es un elemento clave de la programación neurolingüística (PNL), un método de mejora de vida de las personas a través del uso de técnicas psicológicas. Uno de los aspectos de la PNL consiste en enseñar a las personas acerca de la relación entre los movimientos de los ojos y el pensamiento. Según la teoría, cuando las personas diestras levantan la vista hacía la derecha, es probable que estén visualizando un evento de "construido" o imaginado. Por el contrario, cuando lo hacen hacía la izquierda, es probable que esté visualizando un "recuerdo" de la memoria. Por esta razón, reza la teoría, cuando los mentirosos están construyendo su propia versión de la verdad, tienden a mirar a la derecha.

El estómago tiene su propio cerebro

Michael Mosley

Estómago
 Domingo, 15 de julio de 2012 
Para muchos de nosotros nuestro estómago parece ser una suerte de misterio, pero un nuevo estudio revela las sorprendentes maneras en que nuestro sistema digestivo ejerce control sobre nuestro apetito y humor. No todos tenemos la oportunidad de observar nuestro propio proceso digestivo en acción. Rodeado de gente en el Museo de Ciencias de Londres, recientemente presencié cómo un copo de avena que había ingerido en el desayuno era envuelto, triturado y expuesto a los ácidos hasta ser finalmente expulsado hacia mi intestino delgado, como un puré cremoso llamado quimo. Una cámara en miniatura en forma de píldora recorrió todo mi sistema digestivo proyectando imágenes en una pantalla gigante.
Su primera parada fue mi estómago, cuyo complejo trabajo está bajo el control de lo que a veces es llamado el pequeño cerebro: un conjunto de redes neuronales que recubren el estómago y el sistema digestivo. Sorprendentemente, existen alrededor de 100 millones de estas células en el estómago, tantas como en la cabeza de un gato. Este pequeño cerebro no piensa en una forma tan compleja, pero es fundamental para el proceso diario de trituración de alimentos durante la digestión, y en la mezcla y absorción que ayudan a la correcta extracción de los nutrientes y vitaminas que necesitamos.
El pequeño cerebro del estómago está formado por un conjunto de de redes neuronales.
Todas estas neuronas que recubren nuestro sistema digestivo permiten establecer un contacto más cercano y directo con nuestro cerebro, a través del nervio vago, que a menudo regula nuestro estado emocional. Por ejemplo, cuando sentimos mariposas en el estómago, sucede que el cerebro en ese órgano se está comunicando con nuestro cerebro en la cabeza. Cuando nos sentimos nerviosos o con miedo, la sangre es desviada de nuestro estómago hacia los músculos. Ésta es la forma de protesta del sistema digestivo.