07 noviembre 2011

A veces conviene depender de las"corazonadas"

Pensando
Cuando uno actúa bajo presión y tiene poco tiempo para decidir lo mejor es seguir el instinto, dicen los investigadores. Nuestra vida está compuesta de una seguidilla de decisiones. Desde alternativas básicas (¿qué ropa me pongo? ¿qué almuerzo?) hasta cuestiones de peso que pueden definir nuestro futuro laboral o personal. ¿Cómo resolver estos dilemas más serios de la mejor manera? El tema desvela a más de uno.
Ahora un grupo de científicos en Argentina ofrece una estrategia para encarar las decisiones que nos resultan más difíciles. El equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) determinó que cuando uno actúa bajo presión y tiene poco tiempo para decidir, lo mejor es seguir el instinto. Para llegar a esta conclusión, los expertos del Laboratorio de Neurociencia Integrativa, liderados por Mariano Sigman, se valieron de una herramienta particular: el ajedrez. “El ajedrez es una metáfora de la vida misma, porque confronta al jugador con una serie de opciones, que tiene que tomar contra reloj”, dijo a BBC Mundo Sigman. Los neurocientíficos argentinos no fueron los primeros en aprovechar los paralelismos entre este juego y la manera en que funciona nuestro cerebro para entender más sobre cómo pensamos. Hace años que la psicología experimental utiliza este recurso. La novedad fue que, gracias a internet, los investigadores de la UBA pudieron acceder a cientos de millones de partidas de ajedrez, que obtuvieron del servidor gratuito mundial Free Internet Chess Server.

El experimento

Otra ventaja con la que contaron los científicos fue el acceso a diversos programas de computación que tienen capacidad de determinar cuál es la mejor jugada de ajedrez posible, dada cualquier situación.
Así, los expertos pudieron contrastar las decisiones de los jugadores de carne y hueso contra la jugada “ideal” que planteaba la computadora. De esta forma, analizaron miles de millones de movidas de ajedrez, tomando en cuenta tres variables: cuál es el nivel del jugador (algo que está establecido por ranking), cuánto tiempo tomó en decidir su jugada y cuán efectiva fue esa decisión. Para esto crearon su propio software: un programa diseñado por el doctor en computación Diego Fernández Slezak, que permitió procesar y analizar la información bajada de internet. La principal conclusión que alcanzaron marcó un hito en la neurociencia integrativa y será publicada en las próximas semanas en la revista de la Asociación Psicológica Americana (APA), Journal of Experimental Psychology: General
“Descubrimos que cuando una persona se enfrenta con un rival con mejor ranking, cambia su estrategia y se toma más tiempo para decidir, pero eso no mejora la calidad de su jugada. Sólo hace que pierda tiempo. Nosotros lo llamamos ‘efecto miedo o respeto’”, afirmó Sigman. Es decir: cuando uno está bajo presión y el tiempo apremia, a veces lo mejor es simplemente seguir nuestra “corazonada”.

Variables

¿Significa eso que siempre hay que seguir el instinto a la hora de tomar decisiones?
“Depende de la relevancia de la decisión y el tiempo con que se cuente”, dijo el experto.
En esencia, la conclusión es esta: si una decisión tiene muchas variables, que no pueden ser racionalizadas por el cerebro, entonces invertir mucho tiempo en tratar de encontrar una solución tiene poco sentido porque seguir nuestra intuición será igual de efectivo, pero nos permitirá ahorrar tiempo, que podremos dedicarle a otro dilema. Si esta segunda disyuntiva tiene menos variables, entonces ahí sí valdrá la pena dedicar un período más largo a hallar la mejor respuesta. El tiempo dedicado a resolver un asunto también debe estar directamente relacionado con el impacto que esa problemática tendrá en nuestras vidas. “Gastar 40 minutos eligiendo el color de medias que me voy a poner no es un uso efectivo de mi tiempo, pero elegir el colegio al que enviaré a mis hijos sí amerita más tiempo”, ejemplificó.

Lecciones del hombre prehistórico para resolver la crisis

 
homo antecesor
Nuestros antepasados tambien tuvieron que resolver temas como el liderazgo o la organización de un grupo. Entre una reunión de crisis, con líderes políticos apretujados por la incertidumbre económica, y el encuentro en una prehistórica sabana africana de carnívoros inquietos y un nuevo depredador -el hombre- no ha pasado mucho tiempo. En la evolución humana sólo han pasado tres días pero el concepto y las estrategias para enfrentar las crisis son parecidas. Ahora se sellan acuerdos, antes se conseguían alianzas con otros depredadores.

"El mejor ejemplo es el lobo, el antepasado del perro. Se creía que su domesticación había sido hace 14.000 años pero se han encontrado fósiles en Bélgica y Ucrania de hace 30.000 años. Ambos, hombre y lobo, son carnívoros sociales que establecen una alianza porque les resulta ventajosa. Dos competidores que se unen", le comenta a BBC Mundo, Jordi Rosell, codirector del Congreso de Interacciones entre homínidos y carnívoros durante el Pleistoceno, que se realizó recientemente en España. El congreso, coorganizado por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), buscó establecer paralelismos con situaciones actuales como la crisis económica.

Ser más lobos

Una de las primeras crisis del hombre fue bajar de los árboles, dejar de comer frutas y convertirse en un carnívoro. A la sabana de leones, hienas y demás depredadores llegó un nuevo competidor. "Al saltar a un nicho que no era nuestro, comer carne, generamos desequilibrio, estrés. En la historia ha habido muchos y otros carnívoros sociales han sobrevivido". "¿Cómo solucionaban los carnívoros un momento de crisis? Con diferentes modelos sociales. Las hienas son muy matriarcales, los lobos muy jerárquicos, los licaones (perro salvaje africano) igualitarios: se mueven en clanes. Es posible que hayamos aprendido a desarrollarnos socialmente para hacer frente a las crisis", detalla el experto.
Temas como el liderazgo o la organización de un grupo, aspectos que preocupan a las empresas actuales, ya habían sido resueltos por los grandes carnívoros mucho antes. "No somos economistas", aclara, "no damos soluciones al hombre actual pero igual deberíamos cambiar de actitud. Ahora el problema es de dinero y quizás podríamos ser cooperantes, como lo fueron los lobos".

El hombre, lobo del hombre

En un hallazgo reciente del IPHES, en la Sierra de Atapuerca (Burgos), se confirmó que los antepasados del Homo sapiens no sólo practicaban el canibalismo sino que era un rasgo cultural. Se comía a miembros de grupos externos para evitar la competencia por el territorio.
restos de hiena
Imagen de lo que fue la mandíbula de una hiena, cuyo modelo social es el matrialcal.
Su andadura como carnívoro lo llevaría a explorar otras zonas del planeta, América y Australia, donde su llegada inicia el descenso de poblaciones de mamuts o bisontes. "Arrasaban con todo", apunta Rosell. ¿Y en la crisis actual? ¿El hombre sigue siendo el lobo del hombre como acuñaba el filósofo Thomas Hobbes? "Dados los resultados actuales sí. Estamos en un entorno de elementos alfa (personajes poderosos o en una alta posición social)", responde Rosell. "La crisis no es para todos. Fortalece al fuerte y debilita al débil. No obstante, contamos con elementos de solidaridad que intentamos aplicar, eso nos separa de otros animales", apunta. Según dice el experto, "ante un mismo estímulo, un animal da la misma respuesta. Nosotros no". "Tenemos una historia de tres millones de años, somos nuevos, y sin embargo hemos podido adoptar diferentes modelos patriarcales, jerárquicos, monárquicos, más igualitarios. Nos hemos convertido en grandes generalistas con una diversidad de respuestas. Ese ha sido uno de los éxitos de la especie", explica. "Ahora bien", subraya, "Huxley decía que lo único que nos ha enseñado la historia es que no hemos aprendido nada de la historia. Quiero pensar que ahora somos lo suficientemente inteligentes y desarrollados tecnológicamente para remar hacia el mismo lado".
El don (o la condena) de nunca olvidar
Memoria
Recordar es un placer pero puede ser una pesadilla.
Imagínese que usted es capaz de recordar lo que almorzó un día como hoy, tres años atrás. O de saber en detalle las noticias del periódico de una fecha cualquiera, tanto las de hace un momento como las de hace dos décadas. O que, aunque lo desee, no puede borrar los recuerdos vívidos de un accidente o una ruptura amorosa.
Así es la vida de quienes tienen Memoria Autobiográfica Altamente Superior (HSAM, según siglas en inglés), una extraña condición que genera registros muy precisos de eventos del pasado relacionados con la propia experiencia: desde un acontecimiento familiar a lo que alguien les contó, leyeron o escucharon en un día particular.
El síndrome recibió su nombre, hace apenas cinco años, del experto en memoria James McGaugh, neurobiólogo de la Universidad de California en Irvine. En 2006, el académico publicó un artículo sobre un estudio de seis años de una paciente con los síntomas.
El cuadro ciertamente no es nuevo en la ficción: lo registró la pluma de Borges en "Funes, el memorioso" y ahora es el eje de la serie televisiva "Unforgettable", que acaba de estrenarse en Estados Unidos.
Pero, en el mundo real, hay apenas 20 personas oficialmente diagnosticadas con HSAM, todas en Estados Unidos.
"Probablemente ha habido alguna gente con esta condición por siglos, pero nunca se habían investigado científicamente sus bases. Es un cuadro muy raro e inusual", señala el investigador McGaugh a BBC Mundo.
El grupo de académicos que descubrió la HSAM trabajó con 10 casos, los únicos que habían detectado hasta entonces. Hace unos meses, cuando la cadena CBS puso al aire un informe sobre la condición, fue visto por al menos 24 millones de personas en Estados Unidos, de las cuales 500 contactaron a los investigadores pensando que podían ser candidatos: de ellos, sólo 10 resultaron positivo en los exámenes.

"Google humano"

Cerebro humano
Hasta ahora sólo se conoce de 20 casos de HSAM.
Para llegar a reconocer el cuadro, los científicos establecieron sus parámetros: evalúan a los potenciales candidatos con un cuestionario de eventos públicos ocurridos durante los últimos 20 años, desde elecciones a competencias deportivas, entregas de premios o accidentes de aviación.
Sobre ellos, un poseedor de memoria autobiográfica superior podrá decir fecha precisa y día de la semana en que ocurrieron, además de otros detalles. Los que alcanzan más de 55% en este test son luego interrogados sobre experiencias más personales.
"La familia nos da fotos o diarios y podemos tener datos precisos de lo que vivieron y probar cuánto de eso recuerdan. Es muy, muy difícil que un individuo registre más allá de cierto tiempo con un nivel de detalle tan específico", señala el experto.
No por nada los han bautizado "Google humanos". Brad Williams es uno de ellos:
"La manera más obvia de darme cuenta fue jugando al Trivial Pursuit o en concursos de preguntas en bares… soy un fanático de estos concursos y siempre fui mejor y más rápido que el resto. También en episodios familiares se fue dando: yo era el que podía recordar fechas específicas y detalles de todo", señala el hombre, de 55 años, que vive en Wisconsin.
James McGaugh, experto
McGaugh explica que probablemente durante siglos ha habido gente con memoria absoluta.
Le ha encontrado a su condición ventajas específicas para el trabajo: como periodista, necesita "menos archivo físico y menos búsquedas en internet de lo que ya está en mi cabeza", le dice a BBC Mundo. Su primer recuerdo data de los 2 años, cuando vívidamente se ve en el sillón de su casa prendiendo fósforos robados a una tía fumadora.
"Yo lo noté en la secundaria, me daba cuenta que no todos recordaban lo que yo podía y pensaba que era algo inusual, como ser zurdo o algo así. Más tarde noté que tenía otra dimensión", cuenta Robert Petrella, otro de los pacientes entrevistado por BBC Mundo, quien se acuerda con la misma nitidez de la llegada del hombre a la luna en 1969 que la elección de Barack Obama en 2008.
Para Petrella, que vive en Los Ángeles, la vida es más ligera con su memoria a cuestas: recuerda cumpleaños y aniversarios y jamás usa la agenda de teléfonos. Pero, además, lo pone a buen uso en su empleo de productor televisivo para documentales de History Channel y Discovery Channel.

Sin escape

Brad Williams, 55 años
Williams asegura que no tiene trucos para recordar. "Tiene un componente fotográfico (...) me acuerdo de detalles visuales pero más aún de datos precisos".
Pero no todos los poseedores de esta memoria superlativa festejan su condición.
La investigación académica, de hecho, comenzó a pedido de una mujer, Jill Price, quien contactó a los expertos de Irvine por no poder soportar más el constante ejercicio de recordación.
"Es imparable, incontrolable y totalmente agotador… Los recuerdos vienen, simplemente llenan mi mente. No están bajo mi control consciente y, por mucho que quiera, no puedo detenerlos", escribió Price en su libro autobiográfico "La mujer que no puede olvidar".
La memoria absoluta ha complicado, en su caso, las relaciones con el entorno. Y hay un dato contundente: la mayoría de los pacientes de McGaugh no están casados ni tienen relaciones de pareja estables.
"El manejo de la situación depende del carácter de cada individuo y las relaciones familiares u otras cercanas que tengan, no hay un único patrón aunque a veces las interacciones pueden ser complicadas", dice el especialista.
En la "lista oficial" de casos está también el de la actriz Marilu Henner, conocida por la serie "Taxi" de finales de los '70, para quien poder "visualizar la vida en formato calendario" le ha hecho más fácil la tarea de la actuación.
Ahora, la actriz da charlas motivacionales y ha escrito un libro para ayudar a otros a activar su memoria autobiográfica.

Buscando en el cerebro

Robert Petrella, 61 años

Robert Petrella, 61 años
"A veces me acuerdo de algo que dijo alguien hace 30 años, cosas que los demás no recuerdan porque las dijeron en el momento y eso puede volver raras las relaciones.
Pero yo no tengo problemas de vivir en el pasado: los recuerdos están en mi cabeza y son parte de mí, pero no me impiden vivir el hoy o mirar al futuro"
El neurobiólogo McGaugh considera, sin embargo, que la HSAM no puede ejercitarse: es una condición preexistente y que se mantiene en el tiempo, a la que aún no le han encontrado explicación neurológica.
Para identificar su origen, el equipo de Irvine realiza una serie de resonancias magnéticas estructurales y otras funcionales, además de análisis genéticos. Hasta el momento, han logrado observar que algunas de las zonas del cerebro de los pacientes con HSAM son más grandes que las de un individuo con memoria normal.
Estas áreas cerebrales serían las mismas que se vinculan con conductas obsesivo-compulsivas: amontonar recuerdos es, por caso, una analogía de la acumulación compulsiva de objetos. Ahora, los médicos están en proceso de proveer una interpretación científica a estos hallazgos.
Por lo pronto, recomiendan que aquellos pacientes que llevan la condición como un peso no se expongan a circunstancias traumáticas, si pueden evitarlo: no son buenos candidatos, por ejemplo, para enrolarse en el ejército e ir a una guerra.
Pero, según McGaugh, la mayoría de los pacientes celebra una condición que les permite entretener a amigos durante una velada o prescindir de cuadernos de notas y archivos de periódicos.
"La mayoría piensa que es un don. Les he preguntado si preferirían no tenerlo y dicen que no lo cambiarían por nada", señala el jefe de la investigación.